La Sorpresa
Esa mañana me levanté muy temprano, no me había visto en el espejo aún y gracias a Dios no lo hice, reuní fuerzas y caminando me fui a la sala de neonatos, el corazón se me salía del pecho, quería ver a mi bebé, tocar sus manos, contar sus deditos, ver que estaba completo...me encontré con un bebé de 42 centímetros, arrugadito, le colgaba la piel, apenas pesaba 1420 gramos, sobresalían sus ojos en medio del rostro, para mi era hermoso, estaba vivo y eso era lo importante.
A solo diez pasos de mí estaba la sala de cuidado intensivo, bebés de menos de 800 gramos se debatían al lado mío entre la vida y la muerte, escuche decir que estos niños luchan con todas sus fuerzas por vivir, el mío no dependía del oxígeno para respirar solo tenía una sonda para alimentarlo, un sensor de oxigenación y de los latidos de su corazón y una mochita por donde le pasaban líquidos.
A solo diez pasos de mí estaba la sala de cuidado intensivo, bebés de menos de 800 gramos se debatían al lado mío entre la vida y la muerte, escuche decir que estos niños luchan con todas sus fuerzas por vivir, el mío no dependía del oxígeno para respirar solo tenía una sonda para alimentarlo, un sensor de oxigenación y de los latidos de su corazón y una mochita por donde le pasaban líquidos.
No quise pensar por egoísmo en los niños de al lado sino solamente en el mío, el día anterior había logrado sacarme 5 gotitas de calostro que le pasaría a través de la sonda a mi bebé para alimentarlo, llore cada gota y pensé que nunca saldrían más, en la tarde volví a la tortura y logré sacarme una gota más, me reconfortaba pensar que a mi bebé le llegaría algo de mí.
Un día después aprendí a masajearlo, a pasarle la alimentación por la sonda y a sacarlo de la incubadora, me daba miedo que se me partiera, era tan pequeño y tan frágil...pero me llene de valentía y por primera vez lo metí entre mi pecho y le di calor. No sé cómo explicar lo que sentí, su cuerpito caliente aún por el calor de la luz de la incubadora, sus bracitos y manitos sobre mi pecho enganchados a mi como si fuera un sapito intentando subir una pared, sentir su corazón latiendo al unísono con el mío, su respiración, estaba aprendiendo a hacerlo solo al estar al lado mío.
Fueron dos horas en que no me importo la herida de la cesárea, la silla incomoda, el calor de la habitación o el hambre, solo éramos él y yo.
Al regresar a la habitación me percate de cómo estaba era una mole gruesa, mi cara era redonda y mis brazos y piernas parecían inflados, por como me veía parecía que pesaba por lo menos 100 kilos, algo absurdo pues mi peso es de 50. Me dio algo de tristeza verme así pero al mismo tiempo me dije, que todo había valido la pena.
El y yo nos encontramos cada día durante 17 largos días, debía ganar peso, comer de mi pecho, respirar por si solo y lograr que su color de piel no fuera amarillo.... muchas pruebas para un ser humano tan chiquito.
Pero debo confesar que me sorprendió. Al tercer día le tuvieron que colocar oxígeno, no le gustaba y se lo arrancaba del rostro hasta que se lastimó la carita, se lo quitaron al quinto día con la condición que respirara bien durante 72 horas, nos sorprendió a todos pues no tuvieron que colocarlo de nuevo. Luego su lucha fue con la sonda de alimentación, el reto era comer seno, lo cual ocurrió a su sexto día de vida, lo hizo con tal conocimiento que muchos pensarían que hasta lo había ensayado.
El peso era algo lento muy lento se ganaban 50 gramos se perdían 40, nos poníamos fechas de salida con las otras mamas, era estresante llegar todas las mañana para saber cuánto habían ganado o perdido los bebes.
Mi bebé me enseño que con un niño prematuro se vive un día a la vez, no podemos saber qué pasará mañana solo hoy cuenta y lo que vivamos juntos...por eso creo que me dolía tanto dejarlo en la noche, le daba de comer, lo cambiaba y lo metía en la incubadora, era duro ver cómo se dormía solito y no sabía qué pasaría al día siguiente...cuando en la mañana tomaba la ruta hacia el hospital el corazón se me encogía, en cuanto veía el puente que me separaba de la clínica, me decía todo saldrá bien él esta allí y te está esperando...y así era cuando llegaba se quedaba mirando como si ya pudiera reconocerme...no sé si no lo podía hacer pero sí sé que así lo sentía.
Photo by Luke Michael on Unsplash
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