Perderlo
El día siguiente de haberme enterado que sería mamá por segunda vez, sangre...corrimos como locos de hospital en hospital buscando que me dijeran qué estaba pasando hasta ahora me estaba acostumbrando a la idea de que sería mamá y en cuestión de horas todo daba un vuelco. A las horas me enteré que tenía una amenaza de aborto, todo se me desmorono por dentro, sentía que me moría a pedacitos, camine lento hacia la sala de ecografías y espere los minutos que se hicieron horas...al fin entre y después de unos instantes vi a mi frijolito y escuche por primera vez su corazón latiendo fuerte en toda la habitación. Me mandaron a cama cuatro días, total reposo, para que mi bebé se quedará allí adentro quietecito por siete meses más.
Todos los días durante esos meses me toque la barriga para ver que estuviera allí que no se hubiera evaporado, que no se hubiera ido...era un miedo que no se cómo describir. Cada segundo compartiendo con este bebé representaba un día a la vez, eso y solo eso y por lo tanto debía disfrutarlo.
Los meses fueron pasando, mi barriga fue creciendo lento muy lento, el trabajo me cubría el tiempo para no pensar, me decía que era fuerte y que por ello todo saldría bien, pero no fue así, los años no vienen en vano, 38 no era una buena edad y para colmo trabajaba como una loca, comía mal y a deshoras y no me sentía muy feliz, eran muchas cosas, pero creo que la peor fue el stress, el que hizo que todo se disparara como un rayo en medio de la noche.
Un día fui a consulta y las cosas no estuvieron bien, la barriga no estaba creciendo y solo tenia 32 semanas, me hicieron exámenes y me hablaron en griego, muchas cosas no entendí, solo que debía dejar de trabajar y guardar reposo, el trabajo no me lo permitió, luego vinieron exámenes donde median al bebé una y otra vez, para luego decirme que las cosas mejoraban pero no mucho ni con un buen rostro, solo un día vi al médico con una cara positiva, pero ese preciso día, me tuve que internar de emergencia estaba haciendo una preeclampsia, tenía la tensión por los aires algo así como 170 /120 no estaba bien desde hacia muchos días pero no me había dado cuenta.
En la cama del hospital comencé a rogar a Dios por mi bebé, pero no sabia qué pedir, los médicos decidieron controlar la presión e inyectarle al bebé un medicamento para madurar sus pulmones, debíamos lograr llegar los dos a la semana 34 para eso faltaban cuatro días...seguí hablando con Dios, sin certeza de qué decir o cómo decirlo, podía pedirle a Dios que lo salvara pero si eso no era lo mejor para el bebé, podía decirle que se lo llevara pero podría estarle quitando al mundo a un gran ser humano, qué hacer???qué pedir, o no pedir nada.
Me coloque un rosario en la barriga con la ilusión que le pasara alimento a mi bebé porque para colmo de males venía con restricción de crecimiento. Las horas pasaban lentamente, una a una, sin dar chance a que el reloj se agilizará y en un instante fueran ya las 38 semanas, esas que me garantizaban que el bebé estaría bien y no con 34 donde las apuestas no eran muy alentadoras.
El cuarto día en la madrugada me puse muy mal la tensión se fue por los aires y empecé a entrar en paro, todo el mundo corrió, Dios puso gente muy buena a mi lado, yo solo escuchaba a través del monitor fetal al bebé y pedía que todo saliera bien, no pensé en mi, pensé en él. En el camino hacia la sala de cirugía, miraba las paredes blancas el dolor era leve solo quería dormir, me acostaron sobre la camilla en una habitación helada y en cuestión de minutos escuche su llanto y lo vi de lejos, era tan pequeñito...tanto como nunca había visto un bebé.
No sabia lo que venía después pero a esa hora 5 y 20 a.m. mi bebé estaba vivo y en su mano cargaba una manilla que decía Nicolás hijo de...
Foto de zelle duda en Unsplash



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